Prensa

Página 12 Rosario, 17 de marzo de 1998

Fernanda González Cortiñas

Los pájaros de Hirsch, entre el deseo y el miedo a la libertad

Pinturas de aves desvalidas que hablan de la orfandad del encierro pero también de la angustia que genera la emancipación total.

Amenaza lacerante, terrible, Aprisionados se erige como una revelación atemporal y universal de la trágica lucha por la supervivencia. Para la autora, Edith Matzen Hirsch, los pequeños pichones con sus bocazas abiertas son la nítida imagen de la indefensión, del desamparo. Sus aves desvalidas hablan de la orfandad del encierro, de la soledad infinita que paradójicamente crea la protección, pero a su vez pían desesperadamente acerca de la angustia que causa la libertad de esa especie de agorafobia que genera la emancipación total. Los pájaros de E.M.H. reclaman alimento, están solos, piden abrigo, pero también se sienten asfixiados cuando la asistencia por fin llega, agobiados por la competencia que antes era compañía y viven como un abandono el que sus jaulas doradas se abran, permitiéndoles la autonomía del vuelo, porque esto es no es más que la toma de conciencia de que el fin está cerca. Sus inermes figuras aladas son la metáfora casi perfecta acerca del ciclo vital.

Nacida en Bollingstedt, Alemania en 1938, esta artista casi argentina por adopción (se instaló en el país en 1950), realizó estudios de pintura en los talleres de Cristina Dartiguelongue, Eduardo Serna y Aníbal Carreño para en 1989 egresar de la Escuela de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredon”. Desde 1979 expone colectivamente (obtuvo una mención en el Salón Pequeño Formato de la Municipalidad de Vicente López en 1993) y desde 1995 lo hace de manera individual, destacándose entre sus muestras más recientes las realizdas en el Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” de Santa Fe y en el Museo Provincial de Bellas Artes “Pedro Martínez” de Paraná.

Fina cultora del trabajo con símbolos, la obra de E.M.H. parte de una idea generadora y se desenvuelve en forma de serie. Utilizando algo que bien puede ser un concepto, o una imagen o una sensación, como disparador de esta producción seriada, la artista articula un lenguaje propio. Este nuevo código sólo sentido en el marco general de la

obra, cuando las partes se articulan en el todo. Pero también se resignifica cuando esta visión es segmentada, y allí cada fragmento adquiere otro valor.

Para el espectador, la obra de E.M.H. se asemeja a ver una película en video. Se la puede ver toda o cuadro a cuadro. Pero también se puede comenzar por el final, y hacer una lectura diferente. Se la puede dividir en varias partes y ver dípticos o trípticos; escenas con un relato formal más o menos definido, una narración con principio, nudo y final.

A partir des esta especie de lenguaje que se crea a si mismo, sus íconos particulares son distintos en cada muestra. En este alfabeto particular, cada uno de los signos se remite a sí mismo, se autosignifica. En este marco, los “cortes” de la película, las pausas en el discurso, está, vinculadas a la variación en la repetición que se puede reflejar tanto en el tratamiento del color como en el uso de los materiales.

Como en el juego del espejo, la idea fundante de E.M.H. se repite a lo largo de toda la producción; se invierte, se desdobla o se proyecta geométricamente en el espacio, creando una ilusión de realidad, un holograma de la vida y la muerte.

(La muestra de técnicas mixtas de la serie “Aprisionados” se puede visitar hasta el 17 de marzo en la sala Augusto Schiavoni del Centro Cultural Bernardino Rivadavia, San Martín 1080.